El desplome de 2016 en la realización de nuevas carreteras es el último capítulo de un proceso de bajas inversiones por parte del Estado desde la crisis. “El camino más fácil es recortar en infraestructuras”, explica Emilio González, profesor de economía de ICADE. Fuentes del Ministerio de Fomento y de la Dirección General de Carreteras atribuyen el descenso a las obras todavía en construcción. Es decir, se debe a la falta de finalización de determinados tramos que impiden la puesta en servicio del total de la carretera. Lo que ocurre es que este motivo se repite cada año en una media similar, por lo que no explica el desplome del 95% en 2016. Lo que sí puede ser una causa es que entre 2012 y 2015 no se licitó ninguna obra de carretera superior a seis millones de euros, según publicó Seopan este jueves. En 2011, por ejemplo, este tipo de proyectos alcanzaron los 2.924 millones.