Es la idea que se desprende de la encuesta anual de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, un documento cuyas demandas apenas varían año tras año: más apertura de la inversión a sectores protegidos, un trato igualitario en comparación con sus pares locales y, en definitiva, más empeño para abordar las reformas económicas de calado anunciadas a bombo y platillo a finales de 2013. Solamente un 6% de las empresas consideran que las condiciones mejoraron el año pasado y apenas un 4% vieron una «apertura significativa» de sus sectores al capital foráneo.