La vida en el Valle de Tobalina, en la provincia de Burgos, sigue su curso tranquilo ajeno a la polémica. En una semana en la que el Gobierno anunció el cierre definitivo de la planta nuclear de Santa María de Garoña, en los pueblos de alrededor casi no se nota el adiós a su central. No es siquiera tema de conversación. “Es algo que estaba asumido. Este es un debate que ya se superó. No existe polémica desde 2012”, explica José María Martínez, alcalde pedáneo de Santa María de Garoña, a dos kilómetros de la central.