Geoestrategia y banca: impacto de las tensiones arancelarias

Las cuestiones geoestratégicas siempre han sido relevantes, especialmente en algunos sectores económicos, pero desde el comienzo del segundo mandato del presidente Trump han adquirido un extraordinario protagonismo para prácticamente todos los sectores. Voy a centrar el contenido del artículo en sus efectos sobre el sector bancario en España y Europa.

La nueva Presidencia de Trump está generando mucho ruido en los mercados financieros. Aunque, en un principio, las Bolsas norteamericanas saludaron positivamente ese nuevo mandato, a comienzos de abril el color predominante es el rojo (tanto el Nasdaq 100 como el S&P 500). Lo mismo ha ocurrido con la cotización del dólar, que ha pasado de apreciarse a depreciarse. ¿Qué hay detrás de este cambio de tendencia?

Primero, el desconcierto generado por los vaivenes de Trump en política arancelaria, así como por la dureza de sus decisiones en este campo que, previsiblemente, van a ser respondidas también con dureza por los países afectados. Estas tensiones arancelarias hacen prever un repunte inflacionista, primero en Estados Unidos, por los mayores aranceles a productos extranjeros y, posteriormente, en los países afectados por los aranceles de Trump. El repunte inflacionista en Estados Unidos podría verse recrudecido si la sobrerreacción se extiende a la inmigración, lo que podría limitar y encarecer allí la oferta de mano de obra, especialmente en algunos sectores. Las críticas de Trump a la independencia de la Reserva Federal es algo a considerar: puede dificultar el control de posibles repuntes inflacionistas.

Segundo, la incertidumbre generada por sus decisiones sobre la guerra en Ucrania, con las que se ha alineado con Rusia y en contra de Ucrania y de Europa. Si mantiene su posición actual, se habrá producido un vuelco espectacular en las alianzas de Estados Unidos con sus aliados después de la II Guerra Mundial. Este vuelco geopolítico puede tener un claro impacto sobre las economías del «antiguo» bloque democrático occidental, incluyendo la norteamericana.

Presión sobre los tipos

¿Qué escenario puede afrontar la banca europea los próximos meses? Ya hemos comentado que el aumento del proteccionismo, inducido por las decisiones de Trump y las reacciones de los gobiernos de los países afectados, puede relanzar la inflación. ¿Cómo puede afectar este escenario inflacionista a la banca? Las tensiones inflacionistas suponen presión al alza de los tipos de interés. Aunque, en un principio, unos tipos más altos mejoran los márgenes bancarios y la rentabilidad, las entidades tienen que considerar otros efectos como, por ejemplo, una mayor volatilidad y coste de la financiación bancaria (que afectará a la financiación de los hogares y empresas), un repunte de la morosidad y un menor valor de mercado de sus activos financieros.

El repunte de la morosidad estaría ligado al aumento de la incertidumbre económica, que puede afectar negativamente al consumo y la inversión, lo que impactará sobre el crecimiento económico y el empleo. Y esto en un contexto de escaso crecimiento del PIB. Recordemos que las últimas previsiones de crecimiento para la zona euro del Banco Central Europeo son de un 0,9% para 2025, un 1,2% para 2026 y un 1,3% para 2027. Este escenario es claramente negativo para la banca, especialmente si se conjuga con un escenario inflacionista.

El menor valor de mercado de los activos financieros de la banca (especialmente, renta fija soberana) tendrá impacto inmediato en su rentabilidad si están contabilizados a valor razonable (un 40% de la deuda soberana en manos de los bancos europeos lo está). Incluso si las minusvalías son sólo latentes, pueden generar problemas financieros en momentos de estrés agudo.

La apreciación del euro, si se mantiene, empeorará la competitividad de las exportaciones, lo que se añade al efecto negativo de los aranceles norteamericanos sobre dichos bienes. La reducción de las exportaciones será más clara en los productos cuya demanda responda significativamente (reduciéndose) al alza de precios por los aranceles. Las empresas afectadas tendrán que reducir su producción (o encontrar otros mercados). En todo caso, la calidad crediticia de estos clientes bancarios podría deteriorarse.

Hay sectores en los que se notarán más las fricciones comerciales. Por ejemplo, el sector del automóvil europeo (incluyendo componentes) se verá muy afectado en esta guerra arancelaria (además de por la masiva irrupción de automóviles eléctricos chinos), lo que afectará a la valoración que hacen los bancos de los perfiles de riesgo de estas empresas y, en consecuencia, de las condiciones ofrecidas en sus operaciones de financiación, especialmente, a medio y largo plazo.

Otro posible efecto «contagio» sobre la banca europea y española estaría relacionado con una mayor flexibilidad regulatoria impulsada por la nueva Administración Trump: por ejemplo, la regulación o la práctica supervisora de temas como las obligaciones de reporting regulatorio de los bancos (incluidos los relativos a riesgos medioambientales, sociales y de gobernanza; ESG, en inglés); los requerimientos de capital (más allá de lo que queda por implementar de Basilea III); las exigencias de pasivos para favorecer una recapitalización interna (bail-in) en caso de insolvencia; y las retribuciones variables de directivos.

¿Tendrá en cuenta la Administración Trump los resultados negativos de alguna flexibilización regulatoria tomada en el pasado sobre la banca norteamericana? Un ejemplo lo tenemos en la no aplicación de las reglas de solvencia y liquidez de bancos sistémicos a entidades con balances superiores a 100.000 millones de dólares, que facilitaron (junto a una deficiente supervisión bancaria) la quiebra de varios bancos medianos estadounidenses en 2023. Muy probablemente, no.

Un tema regulatorio merece una mención especial: la relajación de las normas para mitigar el cambio climático de la nueva Administración Trump. Este nuevo enfoque afectará a la intensa regulación que sobre este tema han adoptado supervisores bancarios de todo el mundo, entre ellos, el BCE.

Criptoactivos

Se está anticipando también un auge de los criptoactivos con Trump (en alguna ocasión ha dicho que quiere que Estados Unidos sea la capital cripto del mundo). En la Unión Europea ya se ha aprobado una regulación, pero de nuevo, la competencia con la banca norteamericana puede llevar a la banca europea a incrementar su oferta de estos productos, caracterizados por una elevada volatilidad y un elevado riesgo de fraude y blanqueo de capitales y financiación del terrorismo.

Finalizamos recordando que los bancos tienen herramientas para el control de sus riesgos financieros y no financieros. Uno de los más relevantes es el marco de apetito al riesgo (RAF, en inglés). Es un cuadro de mando que incluye una declaración expresa de apetito al riesgo de la entidad, en el que se establecen los valores objetivo, alerta y límite de un número considerable de indicadores de los riesgos financieros y no financieros de las entidades. Los riesgos geoestratégicos se incluirían en el RAF indirectamente, siempre que afecten a ratios e indicadores de los riesgos de solvencia, concentración, crédito, mercado, tipo de interés, liquidez, operacional (fraude externo, continuidad, tecnología, ciberseguridad, externalización, gestión del dato, legales, etc.), reputacional, etc.

Los riesgos geoestratégicos han sido siempre poco predecibles, pero las decisiones de Trump los han hecho si cabe menos predecibles. La incertidumbre política y económica se ha disparado en las últimas semanas y ello afectará negativamente a variables económicas reales y financieras. La banca no será una excepción, aunque, en principio, parece bien equipado para gestionar los riesgos geoestratégicos, ya que suelen afectar a los bancos a través de los riesgos más tradicionales (solvencia, liquidez, crédito, operacional, etc.) cuya gestión es una tarea ordinaria de los bancos.

Antonio Carrascosa. Consejero independiente de Unicaja y profesor del Master de Banca y Regulación Financiera de la Universidad de Navarra