Legiones de turistas en pantalón corto saturan estos días los puertos de las islas griegas en medio de una temporada que se espera bata todos los registros de visitantes. En el corazón de Atenas, la tranquilidad hace tiempo que es una tónica más habitual en la plaza Síntagma y las protestas son más puntuales, ecos lejanos tras años como epicentro diario de la contestación contra los recortes. Es la nueva Grecia y la ilusión de la normalidad. No hace tanto, políticos alemanes aconsejaban al Gobierno vender algunas islas para afrontar sus problemas financieros. No hace tanto, el farmacéutico jubilado Dimitris Christoulas, incapaz de sobrevivir dignamente con su pensión, se pegó un tiro en la sien en esa misma plaza Síntagma, a escasos metros del Parlamento.