En los años ochenta, un coche, el modelo Pontiac Firebird Trans Am V8, se convirtió en el objeto de deseo de cualquier conductor. KITT, que así se llamaba el vehículo más famoso de la televisión, acrónimo del inglés Knight Industries Two Thousand, era un prototipo inteligente, de alta tecnología, al que no le faltaba detalle y hasta podía hablar e interactuar. Era El coche fantástico.