Los bancos centrales no nacieron independientes: se les impuso esa independencia, tanto del poder político como del poder financiero. En el caso de Alemania, literalmente: Berlín prohibió por ley las injerencias políticas en el Bundesbank tras la segunda guerra mundial. Estados Unidos suele apostar por técnicos y académicos en la Reserva Federal; desconfía de los políticos profesionales y de los altos ejecutivos de la gran banca (el legendario Paul Volcker llegó a cargar directamente contra “el eterno lobby de Wall Street”). España está a punto de conseguir la cuadratura del círculo: Luis de Guindos, claro favorito para hacerse con la vicepresidencia del BCE, procede justo de los dos avisperos que suelen evitar los grandes bancos centrales del mundo.