La polémica surgió hace un par de años. Algunas voces empresariales lamentaron públicamente que en las universidades se siguiera formando a los futuros ingenieros informáticos en lenguajes de programación como Pascal o C, que se habían quedado obsoletos, mientras que algunas de las tecnologías más punteras y difíciles de cubrir en el mercado laboral eran ignoradas. Los aludidos respondieron aduciendo que su misión no era instruir a los estudiantes en tecnologías específicas a la medida de las necesidades puntuales de las empresas, sino equiparlos con una sólida base que más tarde les sirviera para desenvolverse en el mundo del trabajo.