La banca española, más allá de los resultados récord

El sector conjuga un momento comercial positivo y el crecimiento de los márgenes con la disciplina en costes pese a las inversiones en IA.

Los resultados semestrales publicados por las principales entidades financieras españolas confirman que el sector sigue atravesando uno de los momentos de mayor fortaleza de los últimos años. A cierre del primer semestre de 2026, los grandes bancos han logrado preservar elevados niveles de rentabilidad, mantener una sólida posición de capital y sostener una calidad crediticia que continúa mostrando una notable resistencia.

El balance agregado de las cuentas presentadas respalda, además, muchas de las conclusiones recogidas recientemente por el Banco de España en su Informe de Estabilidad Financiera. La rentabilidad se mantiene en niveles históricamente elevados, los indicadores de solvencia y liquidez permanecen ampliamente por encima de las exigencias regulatorias y los activos problemáticos continúan bajo control. Todo ello en un contexto especialmente relevante para el sector, marcado por el creciente debate europeo sobre la simplificación regulatoria y la mejora de la competitividad de la banca de la Unión Europea.

La buena evolución de los resultados responde a una combinación de factores que trasciende el impacto puntual de la política monetaria. El margen de intereses sigue creciendo gracias tanto al aumento de la actividad crediticia como a un entorno de tipos que continúa favoreciendo el negocio bancario. Paralelamente, las entidades mantienen una evolución positiva de los ingresos por comisiones, reflejo de su capacidad para diversificar sus fuentes de negocio mediante actividades como la gestión de activos, los seguros o los servicios de inversión.

A ello se suma una disciplina en costes, que continúa siendo una de las principales fortalezas de la banca española. La inversión en tecnología, digitalización e inteligencia artificial siguen avanzando, pero sin comprometer significativamente los niveles de eficiencia. Al mismo tiempo, la morosidad y el coste del riesgo permanecen en mínimos relativos, contribuyendo a sostener la rentabilidad del conjunto del sector.

Los resultados de este primer semestre también incorporan los efectos de algunas de las operaciones corporativas más relevantes ejecutadas durante 2025. En el caso de Santander, destacan la plusvalía derivada de su filial polaca y la integración de TSB, mientras que Banco Sabadell ha reflejado contablemente la desconsolidación de esta última. Aunque estos movimientos han tenido impacto sobre determinadas magnitudes financieras, el mensaje de fondo permanece inalterado: la mejora de los resultados sigue apoyándose mayoritariamente en factores recurrentes y no en elementos extraordinarios.

La comparación con los grandes grupos europeos continúa situando a la banca española en una posición destacada. Los niveles de rentabilidad sobre recursos propios permanecen, en promedio, por encima de los registrados por buena parte de las entidades de la eurozona, mientras que las ratios de eficiencia siguen figurando entre las más competitivas del sistema financiero europeo. Esta combinación de rentabilidad y control de costes se ha convertido en uno de los principales elementos diferenciales del sector.

En este panorama tan positivo, no conviene olvidar algunos riesgos que han ganado protagonismo en los últimos meses. El primero tiene que ver con la resiliencia operativa. El denominado caso Mythos ha servido como recordatorio de que las amenazas que la inteligencia artificial puede desencadenar en materia de ciberseguridad y resiliencia se han convertido en uno de los principales riesgos para el sistema financiero y ha provocado la reacción del BCE, que ha dirigido una carta a los primeros directivos de las entidades, reclamando un plan de acción y niveles de inversión acordes a las posibles vulnerabilidades identificadas. La fortaleza de una entidad ya no se mide únicamente por sus niveles de solvencia y liquidez o por la calidad de sus activos; sino también por su capacidad para garantizar la continuidad de sus operaciones en un entorno tecnológico cada vez más complejo y sujeto a amenazas.

También, y aunque empieza a sonar a tópico, se mantiene la incertidumbre del entorno geopolítico. Las tensiones internacionales siguen condicionando la evolución de los precios energéticos, las expectativas de inflación y las perspectivas de crecimiento económico. Aunque la publicación, el viernes pasado, de los resultados de las pruebas de resistencia sobre riesgos geopolíticos del BCE revela que los impactos en un escenario estresado serían limitados, este es sin duda un riesgo a vigilar.

Con este panorama, las perspectivas para el conjunto del ejercicio continúan siendo favorables. La posibilidad de una nueva subida de los tipos oficiales por parte del BCE en septiembre añade un elemento adicional de apoyo para los márgenes del sector. Sin embargo, la cuestión que empieza a ocupar a inversores y supervisores ya no es cuánto más pueden crecer los beneficios de la banca, sino qué entidades serán capaces de transformar la actual fortaleza financiera en una ventaja competitiva sostenible. De esa respuesta dependerá, en buena medida, la evolución de la banca española durante los próximos años.

Francisco Pérez Bermejo | Socio responsable del Sector Financiero de KPMG en España