
El reciente acuerdo arancelario firmado entre EEUU y la Unión Europea ha dejado descontentos a la mayoría de los gobiernos y al empresariado comunitario, que observa con resignación la adopción de un mal menor. Los bancos italianos se encuentran en el grupo de los menos perjudicados, al sufrir un impacto limitado en su perfil crediticio, aunque su rentabilidad podría verse afectada en el futuro, según Scope.
En un informe al respecto, la agencia de ráting alemana prevé que el acuerdo comercial entre ambos bloques apenas afectará a la calidad de los activos de las entidades transalpinas, pese a que algunos sectores del país podrían resentirse.
De acuerdo con el Ministerio de Asuntos Exteriores, las exportaciones de productos italianos a EEUU ascendieron a 64.700 millones de euros en 2024, el 3% del PIB. Dos tercios estaban compuestos por maquinaria (20%), productos farmacéuticos (16%), alimentos y bebidas (12%), transporte, incluida la automoción (12%), y productos químicos y electrónicos (4% cada uno).
El estudio recalca que la exposición de los grandes bancos italianos a los sectores más vulnerables a los aranceles estadounidenses es limitada debido la alta diversificación sectorial de las carteras de préstamos corporativos. De hecho, los créditos a la industria solo representan entre el 6% y el 10% de la cartera bruta total de Intesa Sanpaolo, UniCredit, Banco BPM, Banca Monte dei Paschi di Siena, Mediobanca, BPER Banca y Credito Emiliano.
Los analistas de Scope consideran «poco realista» suponer que estos préstamos se hayan concedido en su totalidad a los exportadores directamente afectados, por lo que argumentan que los riesgos son reducidos.
Desaceleración
No obstante, los nuevos impuestos podrían inducir una desaceleración económica, lo que aumentaría el deterioro de la calidad crediticia en varios segmentos industriales. La agencia estima que Italia podría enfrentarse a una pérdida de producción a corto plazo de 0,4 puntos porcentuales, lo que aumentaría la presión sobre su ya modesto crecimiento. El PIB del país sumó un 0,7% al cierre del pasado año.
Pero, más allá de las preocupaciones sobre la calidad de los activos, Scope apunta que la principal desventaja para la banca italiana reside en el posible impacto en la generación de ingresos. La demanda de crédito en el país es de las más bajas de la eurozona. En mayo, el avance interanual de los préstamos a hogares y empresas fue prácticamente nulo, en comparación con una media de alrededor del 2% en toda la región.
Si las perspectivas económicas regionales se debilitan, el Banco Central Europeo podría recortar los tipos de interés más de lo previsto, lo que erosionaría los márgenes de los bancos.
Scope prevé que el acuerdo comercial reducirá la incertidumbre, pero la irregular política arancelaria estadounidense podría generar volatilidad en el mercado, lo que tendría efectos mixtos en la banca. Por un lado, impulsaría los ingresos de las entidades con grandes operaciones en los mercados de capitales (por ejemplo, UniCredit), pero, por otro, impactaría en la gestión de activos y reduciría las comisiones asociadas.
Sin embargo, la agencia alemana señala que la banca italiana está bien posicionada para afrontar estos desafíos. Desde la perspectiva del riesgo crediticio, sus balances son los más sólidos desde la crisis financiera mundial, gracias a años de reducción de riesgos y una mejor gestión del riesgo crediticio.
La tasa bruta de morosidad del sector se situó en el 2,8% en marzo, frente al 17,1% de lo peor de la crisis. Desde la pandemia, los bancos han acumulado cuantiosas provisiones para pérdidas crediticias no asignadas, la mayoría de las cuales siguen intactas y ofrecen un colchón ante un deterioro inesperado de la calidad crediticia.
Además, la rentabilidad de la banca italiana es patente. El retorno sobre activos ponderados por riesgo de las siete grandes entidades promedió un 3,1% en 2024, frente al 1,2% de 2021. «Por lo tanto, si bien los riesgos están sesgados a la baja, este sólido punto de partida significa que los bancos italianos pueden soportar cierta presión sobre los ingresos antes de que se vea afectada su capacidad de absorber pérdidas crediticias mediante la rentabilidad operativa ordinaria», concluye el informe.