
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, y Janet Yellen, secretaria del Tesoro de EEUU.
La banca de EEUU compró 350.000 millones en bonos soberanos en 2020 y, si la Fed no extiende el alivio regulatorio, los pondrán en venta.
La banca estadounidense está pendiente de la Reserva Federal. No busca nuevos estímulos o ayudas que apuntalen la economía, sino un guiño regulatorio. La flexibilidad en las ratios de liquidez y capital, decretada a raíz de la pandemia, llega a su fin el próximo 31 de marzo y podría provocar un terremoto en los balances de estas entidades y, sobre todo, en el mercado de deuda. Sólo la Fed puede remediarlo.
En 2020, los gigantes bancarios de EEUU incrementaron sus balances al absorber 350.000 millones de dólares en bonos soberanos estadounidenses en su papel de creadores de mercado. Lo hicieron con el apoyo del banco central, que autorizó a las entidades a no contabilizar estos títulos adicionales en el cálculo de la ratio de apalancamiento suplementaria (SLR, por sus siglas en inglés). Esto les permitía hacer crecer sus tenencias sin tener que compensarlas, como hasta ahora, con mayores niveles de capital de alta calidad.
A diferencia de la ratio de capital tradicional, la SLR no distingue por ponderaciones de riesgo, por lo que los bonos soberanos tradicionalmente sí computan para el cálculo de los requerimientos.
Ahora esos alrededor de 350.000 millones de dólares son, precisamente, los que se encuentran en el disparadero. Si la institución que preside Jerome Powell no extiende las medidas de apoyo, las entidades deberán normalizar sus balances deshaciéndose del exceso de deuda poniéndola de nuevo en el mercado, lo que se traducirá en ventas que elevarán aún más el interés de los bonos.
De hecho, según aseguran fuentes del mercado monetario, los bancos ya están soltando lotes de deuda soberana de gran volumen. En el último mes de fuertes correcciones en el mercado de renta fija, los gigantes estadounidenses habrían echado más leña al fuego al deshacerse de cerca de 60.000 millones de dólares en bonos estadounidenses.
Esta actividad vendedora es un problema para los inversores, para los bancos y para la propia Fed en su papel de velar por la estabilidad financiera, aseguran fuentes del mercado. Estas mismas fuentes recuerdan que la respuesta del sector financiero en los primeros meses de la pandemia permitió absorber -tras una paralización inicial del mercado- el primer envite de la pandemia en el sistema financiero, pues tomó los bonos soberanos que vendían numerosos inversores necesitados de liquidez.
«Si hay una nueva corrección y los inversores quieren vender sus títulos, lo que uno quiere es que los creadores de mercado tengan capacidad de absorber ese stock temporalmente porque, de lo contrario, el mercado se disloca como ocurrió el año pasado», explican fuentes financieras. En la situación actual, aseguran, no sólo serían incapaces de contenerlo, sino que se verían forzados a amplificarlo. En lo que va de año, el interés del bono estadounidense ha pasado del 0,9% al 1,6%.
Reunión
La Fed se reúne hoy en su habitual cita de política monetaria, donde deberá decididir si sigue los pasos del Banco Central Europeo (BCE) y acelera sus compras para tratar de contener las corrección en el mercado deuda. La institución con sede en Washington podría pronunciarse también sobre las cuestiones regulatorias que tienen en vilo al mercado, aunque para su extensión no es necesaria una cumbre de este perfil. La autoridad monetaria estadounidense podría anunciar estas medidas con un simple comunicado hasta el mismo 31 de marzo, pero, según señalan los expertos, cuanto más se prolongue esta incertidumbre regulatoria, mayor será la actividad vendedora de los grandes bancos.
Pero la extensión de la flexibilidad para la ratio SLR no es la única opción que tiene la Fed para evitar que la banca ponga a la venta sus enormes lotes de bonos y cause una nueva fase correctiva en el mercado. Con los inversores sensibles, la Fed también tiene la opción de poner en marcha un plan de adquisición de bonos flexible como Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP) que desarrolla el BCE. Con este estímulo, que permite comprar cualquier volumen de bonos necesario, podría retirar el exceso de oferta que los grandes bancos se vieran obligados a vender.
Además, bancos de inversión como Barclays especulan en sus análisis con que la Fed abra una línea repo directa con los agentes de mercado para, en episodios de pánico, ofrecerles liquidez temporal a cambio de bonos soberanos. Así se evitarían las ventas forzadas y el papel de la banca de absorber shocks sería menos relevante. Sin embargo, la Fed asumiría mucho más riesgo.