
Las entidades y la autoridad monetaria supervisarán con pruebas periódicas la agilidad de las entidades en esta operativa.
Todo en la vida llega a su fin, incluso los mares de liquidez con los que contaba la banca después de los años de grandes inyecciones por parte del Banco Central Europeo (BCE). Ahora, con sus reservas aún amplias, pero anticipando que prosiga el drenaje de recursos disponibles, las entidades se preparan para volver a solicitar dinero a la autoridad monetaria a través de sus operaciones regulares: las subastas semanales (MRO) y las colocaciones a tres meses (LTRO).
Así se debatió en la última reunión que los bancos mantuvieron con la institución presidida por Christine Lagarde, celebrada el pasado 13 de marzo. Las propias entidades se mostraron partidarias de incluir estas operaciones en un futuro cercano en sus planes de financiación, algo que el BCE ha pedido públicamente en reiteradas ocasiones.
«A medida que la liquidez excedente se reduzca, el BCE, en su rol como autoridad de política monetaria y supervisor, espera que los bancos consideren estas operaciones como una parte integral de su gestión diaria de liquidez«, aseguraron Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo, y Claudia Buch, presidenta del Consejo de Supervisión, en una intervención reciente.
En su punto más alto, durante la pandemia, el exceso de liquidez de la banca europea llegó a alcanzar los 4,7 billones de euros, lo que suponía alrededor de un 14% del total de activos del sector. Esto, unido a una reducción progresiva del crédito como consecuencia las subidas de los tipos de interés, minó el apetito por el dinero del banco central.
Tal y como informó EXPANSIÓN, las entidades aseguraron el pasado año al BCE que sólo acudirían a la conocida como barra libre de liquidez como medida de contingencia. Y todo pese a la mejora de las condiciones anunciada por la autoridad monetaria, que en septiembre redujo la brecha entre el interés que pide por el dinero prestado a la banca y el que ofrece por los depósitos a apenas 15 puntos básicos.
Pero la situación ha cambiado. A día de hoy, el exceso de liquidez se ha reducido hasta los 2,8 billones, un 8,5% del total de activos, y se espera que siga disminuyendo en los próximos años. Aunque aún no se ha producido ese punto de inflexión que motive el rebote de las peticiones de dinero al BCE, ya se mira hacia el futuro.
Guerra comercial
Tanto el BCE como la banca quieren que se recupere el vigor de las operaciones de financiación. Aunque la reunión que mantuvieron se produjo antes de la ofensiva comercial de Donald Trump, el nuevo contexto de alta tensión en los mercados globales no hace sino aumentar la presión para que el sector esté preparado y pueda hacer buen uso de todas las herramientas a su disposición.
Por el momento, los supervisores han aclarado que la posición de liquidez de los bancos es robusta como para navegar la tormenta que pudiera desatarse, pero esto podría cambiar de un momento a otro dada la enorme incertidumbre.
Porque para que el dinero del BCE pueda solicitarse cuando llegue el momento, todos deben estar listos, algo que ahora mismo no ocurre. La banca y el supervisor destacaron en su última reunión que tantos años de participación puntual y de volúmenes muy bajos pueden haber reducido la agilidad operativa de en este campo.
«La reciente falta de participación de muchos bancos en las operaciones y facilidades del Eurosistema se consideró un posible riesgo para las capacidades», rezan las actas de la transcripción de esa cumbre.
Según señalan fuentes financieras, los bancos ya no están acostumbrados a acudir en masa y con volúmenes amplios a las subastas semanales que convoca el BCE, algo para lo que tienen que tomar decisiones rápidas. De hecho, en los momentos de mayor abundancia de liquidez, alguna entidad incluso llegó a dejar vencer momentáneamente la licencia de alguna de sus cuentas en el banco central ante su falta de uso, según aseguran estas mismas fuentes.
Preparación
En ese contexto, la reunión finalizó con la propuesta de que se realicen pruebas periódicas de la agilidad de los bancos para solicitar el dinero al BCE. Además de poner a prueba la operativa de forma práctica, el objetivo es asegurar la eficacia de los procesos internos.
En última instancia, estas verificaciones se resumen en que las entidades sean capaces de fijar con agilidad los volúmenes a solicitar en cada caso y en que puedan movilizar el colateral necesario para que sirva como garantía del dinero de la autoridad monetaria. Se trata de procesos que requieren mucha coordinación y que tienen una cierta complejidad, sobre todo en los bancos más grandes y con presencia en diferentes geografías.
«Las expectativas sobre la preparación abarcan, entre otros aspectos, el chequeo de que se cuenta una infraestructura informática sólida para la identificación y movilización de garantías, así como los arreglos organizativos y contractuales pertinentes«, subrayó el BCE en la reunión para guiar a la banca sobre las mejores prácticas a replicar en este ámbito.
Por su parte, más allá de la voluntad de volver a incluir las inyecciones de liquidez entre sus fuentes de financiación y de coincidir en la necesidad de prepararse, los bancos solicitaron al banco central que trate de seguir eliminando el estigma de recurrir que algunos todavía observan que tiene aparejado el dinero estructural del BCE.
«El mayor uso de las operaciones de política monetaria por parte de los bancos en los próximos años no será un síntoma de estrés de liquidez. Más bien, reflejará simplemente su gestión diaria de liquidez dentro del marco operativo», asevera la institución europea.