Hasta ahora, lo habitual cuando se invierte en un fondo a través del banco es que el cliente solo pague al gestor del fondo por el producto financiero. Es decir, la sucursal bancaria simplemente traslada la comisión del gestor. ¿Y cómo gana dinero entonces la entidad por el servicio prestado? Pues cobrando al gestor una tarifa, lo que en la jerga se conoce como retrocesión de comisiones, una práctica que se lleva a cabo sin que el cliente lo sepa. Es decir, el banco obtiene el beneficio cedido de forma indirecta.