La malvada, la cañita, el agua que pajarito no bebe… son solo algunos de los numerosos eufemismos que se le dan a una de las más tradicionales bebidas brasileñas: la cachaça. En Brasil, este aguardiente destilado de la caña de azúcar (a diferencia del ron, que es a base de melaza) se suele beber a palo seco, pero ha sido la caipirinha —a base de zumo de lima, cachaça y azúcar— la que le ha granjeado fama mundial y una plaza fija en la carta de bebidas de todo restaurante que se precie.