
El final de la oferta de compra de Sabadell por parte de BBVA se conocerá, previsiblemente, en septiembre u octubre una vez que esta entidad registre el folleto de la oferta a finales de agosto y se abra, por fin, el periodo de aceptación por parte de los accionistas de Sabadell. Pero lo que está claro hasta ahora, y así lo atestigua el plan estratégico 2025/2027 presentado por Sabadell, es que los responsables de la entidad apuestan por seguir en solitario en un creciente y más complejo escenario para los próximos años.
Las palancas del plan se basan, sobre todo, en un mantenimiento de la rentabilidad del banco (16% desde el 14,5% actual) y una política en la que la devolución de los resultados a los accionistas sea relevante, hasta alcanzar los 6.300 millones de euros en estos tres ejercicios. Para ello, claro está, la actividad del cuarto banco del país debe seguir creciendo a ritmos regulares basándose en lo que es su signo distintivo: el negocio de empresas, básicamente la atención a las pymes que constituyen el principal entramado empresarial nacional y a las que Sabadell presta una atención prioritaria.
La cuestión es si Sabadell podrá seguir teniendo el papel actual en este tipo de negocio habida cuenta de la creciente competencia que está teniendo lugar en este segmento de actividad por parte de bancos que hasta ahora no le habían prestado excesiva atención, pero que ahora si lo hacen. El banco quiere que el crédito a empresas y pymes aumente más de lo que lo haga el sector y «ligeramente superior» al 4%».
El informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) elaborado para fijar las condiciones bajo las cuales decidió autorizar la oferta de compra presentada por BBVA, plantea algunas cuestiones de especial relevancia en lo que se refiere a este negocio.
En primer lugar, el informe descarta el argumento dado por los responsables de Sabadell acerca de la «irrelevancia» de terceros competidores (no los grandes bancos nacionales cotizados) a la hora de prestar servicios a este segmento del mercado ya que, según el dictamen, «existen numerosos operadores medianos y pequeños que ya compiten en el mercado de crédito a pymes y que conjuntamente representan una cuota relevante y creciente en todas las regiones españolas, también en las más afectadas (Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana) por la concentración».
En segundo lugar, el informe concluía señalando que Sabadell «pìerde cuota de mercado a favor de otras entidades» en todas las comunidades autónomas y que ni su oferta ni su política de precios son especialmente agresivas o diferenciales frente al resto, lo que, a su parecer, hace que el mundo de las pymes sea muy importante para Sabadell porque supone una de sus principales fuentes de ingresos, pero que Sabadell «no es un operador fundamental e insustituible» en el crédito a pymes.
En todo caso, el consejero delegado del banco, César González-Bueno, ha matizado mucho la importancia de lo que hasta ahora había sido la bandera de oposición a la oferta de BBVA. El peso de los créditos de menos de dos millones de euros a las pymes apenas supone el 3% del total del crédito total del banco, lo que viene a desmontar esa idea promovida por el banco y buena parte de las patronales autonómicas de que si Sabadell fuera absorbido por BBVA peligraría la financiación a este tipo de actividad productiva.
Abandonada la vía de la complementariedad geográfica por la decisión de la venta de la filial británica TSB para poder distribuir un dividendo extraordinario a los accionistas de Sabadell como argumento para que no acudan a la oferta de compra de BBVA, a la entidad presidida por Josep Oliú le queda como alternativa tratar de crecer en España en su camino en solitario. Una opción complicada si se tiene en cuenta que, según la CNMC, estaría perdiendo terreno en su principal actividad.
Los responsables de Sabadell han argumentado que no pierden cuota y que la van a seguir aumentando en los próximos tres ejercicios al crecer sus créditos más de lo que lo haga el sector, especialmente en consumo.
Un frente al que deberá vigilar el banco es su nueva situación. Aunque fracase la opa, lo que se sabrá cuando se haga el recuento de los accionistas que decidan acudir, la entidad habrá cambiado y es posible que otros traten de aprovechar la oportunidad que se abra. En estos meses ING, pero también Société Générale y posiblemente Credit Agricole, han estudiado el banco. No dieron un paso el frente, pero eso no implica otra cosa que no lo dieron en ese momento.
En este sentido González-Bueno afirmó que es el «momento de las fusiones transfronterizas...entre los grandes bancos», aunque descartó que en principio su entidad formara parte argumentando que le entidad ya ha alcanzado algunos acuerdos (en realidad ventas) con socios internacionales como la gestión de activos, seguros y medios de pagos.