La escaramuza comercial entre Estados Unidos y China en materia de acero, aluminio y otros productos es consecuencia del desdén que siente el presidente Donald Trump por los acuerdos comerciales y la Organización Mundial de Comercio (OMC), una institución que fue creada para fallar en disputas mercantiles. Antes de anunciar los aranceles a las importaciones sobre más de 1.300 tipos de productos de fabricación china por 60.000 millones de dólares al año, a principios de marzo Trump difundió amplios aranceles del 25% sobre el acero y del 10% sobre el aluminio, que justificó sobre la base de la seguridad nacional. Trump insiste en que un arancel a una pequeña fracción del acero importado será suficiente para hacerfrente a una genuina amenaza estratégica. Sin embargo, la mayoría de los expertos consideran dudoso ese razonamiento. El propio Trump ya ha dado un paso atrás en su argumento sobre la seguridad nacional al exceptuar a la mayoría de los exportadores importantes de acero a Estados Unidos. Canadá, por ejemplo, está exceptuado con la condición de una renegociación exitosa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), amenazando al país a menos que ceda a las demandas de EEUU.