Pese a toda la incertidumbre generada en Cataluña por el proceso independentista, la economía catalana aguantó el embate y creció en 2017 un robusto 3,3%, por encima de la media española situada en el 3,1%. El efecto de los atentados en Barcelona y los eventos sucedidos desde el 1 de octubre tuvieron un impacto en las inversiones, el comercio, la matriculación de automóviles, el turismo, los depósitos y las sedes de las empresas. Sin embargo, una parte de este efecto ha sido momentáneo y la actividad en Cataluña se había estado recuperando a un ritmo más rápido que el resto de autonomías.