Quizás por primera vez desde la crisis de 2008, el optimismo parece inundar el ambiente económico. 2017 fue un año en que, por encima de las expectativas originales, el crecimiento ganó tracción en el ámbito global. Desde hace varios meses, los organismos internacionales y analistas revisan al alza sus previsiones, y son cada vez menos las economías del mundo que no se hallan sincronizadas a la dinámica global de la actividad. A pesar de que, por su magnitud, el crecimiento económico está lejos de sus máximos históricos, su sincronización global pareciera no tener precedente.