La era del viajero enlatado

Sobre unos cielos atestados de aviones, a 10.000 metros de altura, las ­aerolíneas libran la penúltima batalla de la era de los vuelos baratos. El precio se ha convertido en la verdadera fuerza de gravedad y la tradicional separación entre clase turista y preferente ha saltado por los aires. En medio de la contienda, el viajero con billetes económicos experimenta algo parecido a lo que padeció aquel tiburón que el artista inglés Damien Hirst sumergió en formaldehído: la imposibilidad física de viajar mínimamente cómodo en clase turista.

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