Darwinismo económico: en los cambios de ciclo —en medio de una crisis—, los fuertes barren a los débiles. Alemania, más fuerte que nunca en la UE, se opone a completar la unión bancaria con un fondo de garantía común que, para ser creíble, requiere de apoyo fiscal, y se opone a una capacidad presupuestaria de la eurozona. Berlín no se fía. No quiere nada que suene a mutualización de riesgos, tal como dejó patente su ministro Wolfgang Schäuble en septiembre en Bratislava. La presidencia eslovaca de la UE presentó entonces el penúltimo proyecto de capacidad fiscal para absorber shocks asimétricos (las crisis de toda la vida, en jerga economicista). Schäuble despachó esos planes con cajas destempladas, pero la Eurocámara vuelva a la carga pese al nein perenne de Berlín: el Parlamento pretende que en cinco años la eurozona disponga “de un instrumento fiscal que provoque un efecto estabilizador para situaciones de emergencia”.