Una de las principales razones por las que la crisis financiera internacional que estalló en 2008 no siguió los pasos de la Gran Depresión de los años treinta es porque, a diferencia de entonces, las autoridades mundiales se comprometieron a evitar entrar en una espiral proteccionista como vía para salir de la recesión. Ahora, una vez que los números rojos han quedado atrás pero con las heridas de la crisis aún muy presentes, la Casa Blanca ha hecho sonar los tambores proteccionistas, en un movimiento por ahora contenido pero de consecuencias imprevisibles.