Dan Courtenay tiene una minúscula tienda de guitarras en los bajos del hotel Chelsea de Nueva York. Es desde hace tres décadas un lugar de encuentro de artistas que buscan los mejores instrumentos. Las eléctricas cuelgan de la pared izquierda. Es un producto que sigue despertando pasiones. Pero el negocio no se sostiene. Necesita nuevos héroes que atraigan a las nuevas generaciones y revitalice el negocio. El nuevo dueño del icónico edificio neoyorquino le dio de plazo hasta final de junio para que abandone el local. Pero Dan no tiene claro que pueda permitirse seguir en el barrio. Tener una tiendan a pie de calle es prohibitivo en Manhattan y las ventas no acompañan.