El año 2008 quedó fosilizado en la oficina de venta de la urbanización Bella Rotja, en Pego (Alicante). Como si un volcán hubiera entrado en erupción y no hubiera habido tiempo para salvar nada: los despachos y miles de documentos fueron abandonados a merced del tiempo y del vandalismo. Alrededor de las oficinas de Bella Rotja se desarrolla una batalla entre la naturaleza y la codicia. Unas 70 estructuras de casas pareadas, abandonadas, se sostienen con alfileres, a la espera de que un golpe de viento o un inversor temerario quieran derribarlas o salvarlas. Bella Rotja es una de las muchas cicatrices que dejó abiertas de norte a sur de España, en julio hará diez años, el hundimiento de la inmobiliaria Martinsa Fadesa.