Xie, de 29 años y que prefiere identificarse solo por su apellido, ha perdido los ahorros de toda su familia después de que la plataforma de microcréditos online china Zhang Yue Li Cai dejase de operar repentinamente este julio. Atraída por las nada despreciables ganancias a corto plazo, en diciembre invirtió hasta 400.000 yuanes (algo más de 50.000 euros) para que esta empresa los prestara a otras. Menos de un año después, Xie no solamente da por imposible recuperar el dinero perdido, sino que siente la persecución de las autoridades chinas, que se han desvinculado de unas prácticas que mezclan la mala gestión, el fraude y los esfuerzos de Pekín para controlar los riesgos de su sector bancario en la sombra.