El pasado 19 de septiembre se cumplió un año desde que uno de los volcanes de la zona de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, despertó. Durante más de tres meses (fueron en concreto 85 días y 8 horas hasta que el 25 de diciembre de 2021 el Instituto Geográfico Nacional dató el fin de la actividad eruptiva), la tonelada de lava que arrojó se llevó por delante viviendas (1.345 de uso residencial según los datos catastrales), locales, carreteras y hasta 370 hectáreas de plantaciones (según los datos del informe de la comisión mixta para la reconstrucción de la isla). Miles de palmeros perdieron en un momento su hogar, su modo de vida y sus recuerdos. Estas Navidades serán las segundas que los damnificados por el volcán pasarán sin un hogar donde celebrar las fiestas. La nostalgia de estas fechas hará especialmente dura esta situación.