La anécdota, recuperada por los técnicos de la aseguradora francesa AXA con motivo del 30 aniversario del principal índice bursátil del mundo emergente, el MSCI, ilustra el cambio de paradigma respecto a estas naciones en menos de cuatro décadas. La primera transformación evidente ha sido la composición del propio índice: a principios de los ochenta, Portugal y Grecia, hoy miembros de la zona euro, recibían esa etiqueta y quedaban encuadrados en el mismo saco que economías mucho más rezagadas como las de India o Indonesia. El segundo, el tamaño: en la actualidad los emergentes suman el 60% del PIB mundial, 20 puntos más que hace dos décadas, y reclaman su lugar en los principales foros de toma de decisión del planeta. El 80% del crecimiento de la economía mundial depende de lo que haga este ramillete de países, más del doble que a finales de la década de los noventa, y mucho tendrían que cambiar las cosas para que en 30 años seis de las siete mayores economías del globo no sean emergentes, según la consultora PwC. De entre las potencias tradicionales Estados Unidos es la única que aguanta el tipo frente al empuje de estas naciones.