La reciente demanda de 14 Estados norte­americanos contra la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, en inglés) de su propio país por ignorar la obligación legal de controlar las emisiones de metano en la industria energética trasciende las fronteras estadounidenses y aviva el ya acalorado debate entre los defensores y detractores del papel del gas natural como la mejor alternativa para la descarbonización y, por ende, para luchar contra el calentamiento global. El gas contamina menos que el carbón, es cierto, pero sigue siendo un combustible fósil y emite importantes dosis de metano a lo largo de todo su recorrido vital, desde que se extrae hasta que se quema.

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