La persistente subida de los precios del mercado mayorista de la electricidad (pool), algún día por encima de los 140 euros/MWh, se ha convertido en una pesadilla sin fin tras la que subyace una batalla política de la que los partidos opositores al Gobierno (no solo el PP o Vox, sino su propio socio, Unidas Podemos) y otros lobbies de nuevo cuño quieren sacar la máxima tajada sin considerar el interés público. La compleja regulación del mercado eléctrico, rayana en el arcano, lo convierten en carne de cañón de la más vil de las demagogias: la que permite que los consumidores no concilien el sueño o sean víctimas de su propia impotencia ante una cuestión que está fuera de su alcance.