La Unión Europea, que desde el inicio de la guerra en Ucrania gasta 1.000 millones diarios de euros en comprar energía a Moscú, prohibirá desde agosto la importación de carbón ruso, lo que supone sólo una pequeña parte de un negocio energético que dominan petróleo y gas, más lucrativos para el Kremlin y difíciles de sancionar para la UE. Leer