La despedida no podía ser más lacónica: “El Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) ha celebrado hoy su última sesión (…) una vez cumplidos los objetivos para los que se creó”. Pero esa última sesión se veía venir desde hace meses. El poderoso lobby formado por parte de las principales compañías del país estaba tocado del ala desde incluso antes de que su presidente, César Alierta, dejara la presidencia de Telefónica en febrero del año pasado. Primero, las desapariciones de entusiastas como Emilio Botín, Isidoro Álvarez y Leopoldo Rodés (alma mater de la idea), fueron el principio del fin. Después las ausencias a las reuniones mensuales, que en los inicios los 18 miembros del grupo respetaban casi solemnemente, eran cada vez más numerosas y difícilmente superaban el quorum. Durante 2016 solo se celebraron tres e incluso a la de ayer faltaron Ana Botín, Isidro Fainé, Pablo Isla y José Manuel Entrecanales. Pero, daba igual, ya venía ya con la divisa del matarile por unanimidad. No obstante, antes de decidirse, Alierta sondeó sin éxito a varios miembros (Isla, Juan Roig y Antonio Huertas).

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