Las cicatrices sin cerrar de la última burbuja inmobiliaria

Desde la ventana del AVE Madrid-Sevilla, a orillas de la A-41 y la Nacional 420, emergen, como un espectro, una sucesión de viviendas inacabadas, hundidas en el polvo de la meseta castellana. Son los esqueletos de lo que debería haber sido la promoción Velbapark, un complejo de lujo conocido como la Marina D´Or de Castilla-La Mancha, proyectado en los 90 al albur de la locura urbanística y que ahora perdura como paradigma de los despojos de la fiebre inmobiliaria. El fantasma de una nueva burbuja inmobiliaria se cierne otra vez sobre el sector, pero los efectos de la anterior siguen latentes: las urbanizaciones a medio construir repartidas por toda España; las miles de demandas pendientes en los juzgados y de sentencias imposibles de ejecutar ante la insolvencia de los promotores; o las familias y constructores arruinados son ejemplos de la resaca de esa borrachera urbanística que aún perduran. Los profesionales alertan de que una década después del final del boom, no se han puesto las medidas para abortar otra crisis similar.

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