La crisis del coronavirus asestó un duro golpe a la retribución al accionista, una de las fortalezas de la Bolsa española. A la suspensión y recorte del dividendo se sumaron también las restricciones a los programas de recompra de acciones, una de las fórmulas que tienen las cotizadas de premiar la fidelidad al accionista y que encuentra en EE UU su principal exponente.