Las empresas taurinas ensayan otros espectáculos

Cuando el empresario francés Bernard Domb Cazes (conocido como Simón Casas) se hizo con la gestión, el año pasado, de la plaza de Las Ventas — en unión temporal (UTE) con la empresa turística Nautalia—, no dudó en decir, ante la estupefacción de algunos, que se abría “un antes y un después en la tauromaquia”. Los toros levantan, para bien y para mal, pasiones gigantescas que a menudo desvirtúan cualquier análisis de su actividad económica. La habitual resistencia de las empresas a ofrecer datos y los pocos análisis económicos que se publican, a menudo sesgados —ya sea para demostrar que se subvenciona poco la fiesta o para decir todo lo contrario—, añaden oscuridad a un sector formado fundamentalmente por pymes de gran arraigo.

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