
A pesar del sólido tercer trimestre del banco, a los inversores les aguarda un camino accidentado.
Si el nombre de una empresa incluye dos variaciones de la palabra “París”, resulta difícil quejarse cuando los inversores ponen el foco en su “francesidad”. No obstante, la reciente inestabilidad política ha provocado una caída de las acciones de BNP Paribas —el Banco Nacional de París, París y Países Bajos, siguiendo la traducción al pie de la letra— mayor de lo que justificarían sus fundamentales económicos.
Las acciones de BNP han caído un 21% en los últimos tres meses, lo que lo convierte en el segundo valor con peor desempeño dentro del subíndice Stoxx de grandes bancos de la zona euro. El único grupo que ha registrado un descenso mayor es su vecino francés Société Générale. Y esto ocurre a pesar del sólido tercer trimestre de BNP, que la semana pasada informó de un aumento interanual de sus beneficios antes de impuestos del 18%, así como de un crecimiento de los ingresos en todas sus divisiones principales.
¿Cómo es posible que obtenga tan buenos resultados cuando la economía francesa se contrae y la confianza del consumidor se encuentra en su nivel más bajo de los últimos 13 años? De hecho, Francia representa menos del 10% de los beneficios antes de impuestos del grupo, frente al 20% de hace una década, y menos de la mitad de los ingresos y beneficios de su negocio de banca minorista y corporativa. BNP sólo posee 19.000 millones de euros en bonos del Estado francés dentro de un balance de 3 billones de euros, por lo que difícilmente corra el riesgo de caer en esa espiral destructiva que tanto temían los inversores durante la crisis de la eurozona.
BNP no es el único banco que se ha visto utilizado como un indicador impreciso de la situación de un país. Santander, por ejemplo, obtuvo sólo el 13% de sus beneficios antes de impuestos en Brasil durante los primeros nueve meses del año, pero su cotización experimentó fuertes oscilaciones antes y después de las recientes elecciones presidenciales. Fuentes internas creen que su gran tamaño y liquidez llevan a los hedge fund a utilizarlo como vehículo para realizar apuestas políticas a corto plazo sin asumir el riesgo cambiado asociado a la moneda brasileña.
Estas discrepancias podrían brindar una oportunidad a los inversores con el tiempo. Pero el camino probablemente será accidentado. Los activos franceses se recuperaron tras tocar mínimos cuando el Gobierno logró evitar una rebaja en su calificación crediticia, y podrían recibir un nuevo impulso si el Ejecutivo consigue aprobar un presupuesto. No obstante, las elecciones presidenciales del próximo año seguirán siendo un factor de incertidumbre, especialmente dado que la líder de extrema derecha Marine Le Pen encabeza actualmente las encuestas.
Algunos ejecutivos de empresas francesas han empezado a intentar disipar los temores en torno a una posible victoria de Le Pen, argumentando que tiene más puntos en común con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que con la formación de carácter más radical Alternativa para Alemania. Meloni ha logrado mantener el respaldo de las agencias de calificación crediticia durante sus cuatro años en el poder en Italia. Aun así, incluso unas elecciones “normales” entre candidatos moderados suelen provocar cierto grado de volatilidad en los mercados bursátiles.
Mientras tanto, no hay mucho más que pueda hacer la dirección de BNP aparte de centrarse en aquello que sí puede controlar, incluida la preparación de un nuevo plan a medio plazo cuya publicación está prevista para el próximo mes de febrero. Y tal vez esperar —al más puro estilo francés— a que alguien preste atención a sus protestas.
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