Ha sido un largo y empedrado camino, pero los beneficios de las empresas españolas cotizadas se acercan poco a poco a los niveles previos al estallido de la crisis financiera. En 2007 se batieron todos los récords de ganancias corporativas. Nada menos que 60.155 millones de euros. Eran los días de vino y rosas; una época en la que los empresarios solo tenían “el cielo” como límite. Llegó entonces la Gran Recesión y las cuentas emprendieron su particular descenso al infierno, tocando suelo en el ejercicio de 2012 con un resultado neto agregado de apenas 13.400 millones. Desde entonces, y no sin algún que otro retroceso, las cifras se fueron enderezando. Lo hicieron primero a base de achicar agua, de planes de austeridad draconianos. Y, por fin, el pasado curso se recuperó el factor imprescindible para garantizar un crecimiento sostenido de los beneficios: unas ventas fuertes.