España crece a toda velocidad, crea empleo y su recuperación ha sorprendido al alza una y otra vez en los últimos tiempos. Pero la herencia de la crisis pesa como un lastre en dos capítulos: el social y el bancario. La economía española presenta tasas de paro, desigualdad y población en riesgo de pobreza prácticamente sin parangón en el Atlántico Norte, y a pesar de la franca mejoría sigue escondiendo cadáveres en los balances de sus bancos.