En su condición de coordinador de los bancos centrales, el BIS tiene en su ADN lanzar avisos sobre los riesgos de la economía global. Y entre ellos destaca la probabilidad de que los países muy endeudados se queden sin margen en un contexto en el que el crecimiento va a ir poco a poco reduciéndose, en parte por la demografía y por la falta de reformas estructurales.