
El regreso del magnate a la Casa blanca ha generado una serie de desafíos adicionales.
Los bancos de inversión europeos ya se enfrentaban a una ardua lucha para alcanzar a sus rivales de Wall Street, que los eclipsan tanto en tamaño como en valoración. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha generado una serie de desafíos adicionales, que quedaron patentes en los resultados trimestrales de esta semana.
El primer problema: las operaciones. En EEUU, la agenda desreguladora de Trump ha impulsado una oleada de fusiones y nuevas salidas a Bolsa. Sin embargo, su impredecible política exterior genera cautela en el extranjero. Así, mientras que las adquisiciones de empresas estadounidenses aumentaron un 25% en los primeros nueve meses del año, alcanzando los 1,4 billones de dólares (1,2 billones de euros), según datos de LSEG, las operaciones europeas crecieron sólo un 11%, hasta los 554.000 millones de dólares. Del mismo modo, las nuevas salidas a Bolsa en EEUU han recaudado más del doble que las OPV en Europa, según Dealogic.
Como resultado, cada vez resulta más difícil conseguir las comisiones con elevado margen que los bancos obtienen de la actividad empresarial. Lars Machenil, director financiero de BNP Paribas, explicó a los analistas que las empresas europeas están «a la espera».
A pesar de ello, Machenil afirma que el negocio de BNP en EEUU crece a un ritmo similar al de sus rivales de Wall Street. Pero entonces surge el segundo impacto, menos intencionado, de Trump: el dólar. Incluso tras su reciente repunte, el valor de la divisa frente a sus principales socios comerciales ha caído casi un 9% en lo que va de año. Esto significa que los beneficios de los bancos europeos en EEUU ya no valen tanto una vez convertidos a su propia moneda.
En BNP, las fluctuaciones cambiarias fueron un factor determinante para que no alcanzara las previsiones de ingresos del tercer trimestre. En el caso de Deutsche Bank, los movimientos de divisas marcaron la diferencia entre la expansión y la contracción de su cartera de préstamos. En UBS, la fuerte subida del franco suizo a principios de año elevó las ratios de apalancamiento del banco, dificultando la gestión de su balance.
El otro factor que despierta la envidia de algunos banqueros europeos son los depósitos. Entre la incertidumbre geopolítica, los esfuerzos de la Casa Blanca por incentivar la inversión estadounidense y los tipos de interés más altos, las grandes empresas están transfiriendo más efectivo a cuentas en EEUU. Los depósitos en la unidad de banca global de Bank of America, por ejemplo, aumentaron un 15% interanual en el tercer trimestre, mientras que los de JPMorgan crecieron un 12%. En Deutsche Bank, por el contrario, los depósitos corporativos disminuyeron, a pesar de las declaraciones entusiastas sobre una oleada de inversiones relacionadas con la defensa en el continente.
Esto resulta inoportuno porque, como ha señalado Crisil Coalition Greenwich, este tipo de depósitos corporativos benefician enormemente a los bancos estadounidenses: obtienen intereses sobre los propios depósitos, generan ingresos adicionales de la gestión de efectivo y los pagos, y consiguen financiación estable para otras áreas del grupo.
Una visión optimista sería que quizás los bancos europeos no estén tan rezagados con respecto a Wall Street como parece: si se excluyen algunos factores cambiarios y otros lastres, ambos grupos crecen a ritmos similares.Los europeos se beneficiarán proporcionalmente más si se reactiva el flujo de operaciones locales. Aun así, los estadounidenses seguirán dominando el mercado. El cierre de esa brecha está en duda.
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