Ni la rebaja de previsiones económicas por parte del Gobierno ni las estimaciones del FMI, que apuntan a España como la economía más dañada por la crisis del Covid-19, restan apetito a la deuda española. En sintonía con el resto de mercados periféricos, en las últimas semanas la caída de las rentabilidades se ha acentuado. Un buen ejemplo de esta corriente es el bono español a 10 años. Después de que la semana pasada lograra caer por debajo del 0,2%, los rendimientos prosiguen la tendencia bajista mientras el precio, que se mueve a la inversa, no ha parado de subir. Los títulos con vencimiento en 2030 cotizan en el 0,135%. Es decir, no solo superan los mínimos registrados a comienzos de marzo (0,176%), semanas antes del estallido de la pandemia, sino que retroceden a niveles de septiembre de 2019.