Corta el viento y el corcho con la precisión de un cirujano. Golpes sordos, acompasados y precisos rompen el ascético silencio del Parque Natural de Los Alcornocales (Cádiz). Ni un corte más, ni uno menos. Con su afilada hacha, Juan José Gallego dibuja una línea vertical perfecta en el árbol. “Es una prolongación de mi brazo. Siento cuando ha llegado al tronco”, explica el capataz. Con la empuñadura hace palanca y el corcho de desprende. En no más de 10 minutos ha acabado con el alcornoque. Pasa al siguiente. El ritmo es agotador. Gallego, de 36 años, dirige una cuadrilla de 14 hombres que, durante dos meses en verano, trabaja en la saca del corcho en Cádiz.

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