La extinción en agosto de nueve contratos de controladores aéreos, por causa de jubilación forzosa, ha encendido los ánimos entre la plantilla de Enaire. Máxime cuando la vuelta del tráfico experimentada este verano podría hacer necesario hasta el último efectivo. Los centros y torres de control estuvieron en agosto en niveles del 75% respecto a los vuelos operados en 2019.