El cambio de mayor calado que ha vivido la industria de la gestión de activos en la última década ha sido el empuje de los megafondos de bajo coste, que se dedican simplemente a replicar la evolución de índices bursátiles y de bonos. Sin embargo, el enorme flujo de dinero que ha ido a parar a estos productos ha pasado de largo por la Bolsa española.