Jugarse el tipo. Eso es lo que hacen los empresarios. Y eso es lo que diferencia a las compañías en la que el fundador sigue implicado, y las que no. La presencia del empresario o sus descendientes en el accionariado suele garantizar al inversor unos niveles de retorno superiores a sus competidores. Cuando la supervisión de la gestión es una cuestión de familia, los controles son más estrictos. No en vano, más del 60% del patrimonio familiar está concentrado en la propia compañía. Además, hay mayor capacidad de innovación, y predomina una visión a largo plazo, que permite capear mejor las crisis económicas. Facebook, Alphabet (matriz de Google), Samsung, Roche, LVHM (Louis Vuitton), L’Oreal, Inditex, Tesla, Nike…. son algunos ejemplos de firmas en las que el fundador o su familia siguen teniendo una parte importante del capital y que han cosechado un enorme éxito.