Los reyes del ladrillo también han perdido el glamour de aquellos empresarios hechos a sí mismos como Enrique Bañuelos (Astroc), Luis Portillo (Colonial) o Fernando Martín (Martinsa), cuya fortuna deslumbraba en la lista Forbes y su cara era familiar en los pacos de los clubes de fútbol. Incluso desembarcaron en países del Este de Europa y América Latina para replicar el modelo de construcción en el que se basó la burbuja española. Todo eso se esfumó. Hoy las nuevas inmobiliarias no tienen una cara visible sino gestores profesionales y, en muchas ocasiones, anónimos. Las sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria (Socimi) han ocupado su sitio de la mano de fondos de capital riesgo o grandes inversores internacionales como el estadounidense Georges Soros; Wang Jilian, el hombre más rico de China, o el magnate mexicano Carlos Slim.