Las cuentas dadas a conocer por el Gobierno esta semana confirman nuestros peores pronósticos: la estrategia de la derecha española (la antigua y la nueva) es continuar debilitando el Estado de bienestar. Como socialistas no podemos dejar de reivindicar que una de las grandes funciones de las finanzas públicas, y en particular de los Presupuestos Generales del Estado, es la redistribución de la renta y de la riqueza que genera el país. En un contexto económico y tecnológico en el que la desigualdad no es un fenómeno transitorio y en el que la inseguridad sobre el futuro se ha apoderado de las rentas medias, se necesita poner en el corazón de la política económica la lucha contra la desigualdad para dar seguridad a la mayoría. Y es que el reparto del crecimiento económico vuelve a ser tremendamente relevante para la sociedad. En consecuencia, el Estado de bienestar se hace más necesario que nunca; sin embargo, el Gobierno quiere ir reduciendo hasta situar el gasto público español en el 38% del PIB, justo el peso que tienen los ingresos públicos en la renta, uno de los más bajos de la Unión Europea.