
La economía española se apoya en sectores con alta dependencia hídrica, como la agricultura, la energía, el turismo o el mercado inmobiliario. Por ello, los impactos de la crisis climáticas relacionados con el agua constituyen uno de los principales riesgos para el sistema bancario, según WWF.
La organización internacional dedicada a la defensa de la naturaleza y el medio ambiente afronta en el informe los avances y retos en el análisis de la materialidad financiera del riesgo del agua en España cómo el impacto relacionado con la crisis climática, junto con la degradación de ecosistemas, afectan a la estabilidad financiera al condicionar factores como los ingresos empresariales, la calidad crediticia o el valor de los bienes que operan como garantías para los préstamos.
El estudio analiza los avances en la materia de distintas instituciones como el Banco Central Europeo, la Autoridad Bancaria Europea (EBA), el Banco de España o la OCDE, así como prácticas bancarias, bases de datos y herramientas específicas de análisis del riesgo hídrico.
La organización sostiene en un informe que los peligros relacionados con el agua presentan características de riesgo financiero emergente con potencial sistémico y considera que su integración operativa en la supervisión y la gestión bancaria permanece incompleta.
La institución recalca que los eventos extremos provocaron en Europa pérdidas estimadas de al menos 43.000 millones de euros el pasado verano.
En España, los daños asociados a sequías se sitúan en torno a 1.500 millones de euros anuales y afectan sobre todo a la agricultura (50%), energía (35%) y abastecimiento urbano (13%). El informe indica que la vulnerabilidad estructural española amplifica este riesgo.
Riesgos financieros
Desde la perspectiva financiera, los riesgos físicos, incluidos los asociados al agua, se reflejan en el aumento de la probabilidad de impago, la devaluación de colaterales, el aumento de pérdidas en caso de incumplimiento, interrupciones operativas y tensiones de liquidez tras eventos extremos, así como acumulaciones de contingencias derivadas de concentraciones sectoriales y geográficas.
La ONG señala que, aunque el sector bancario ha realizado progresos, en especial en gobernanza climática, aún existe una brecha entre la identificación de los riesgos y su medición práctica al no contar con estándares comunes, ya que siguen clasificados en categorías genéricas.
En cuanto a los datos disponibles, WWF afirma que no están lo suficientemente desgranados para hacer un análisis robusto según su localización por cuencas hidrográficas o por los sectores más impactados.
En este sentido, señala que el Banco de España es un referente europeo en análisis empírico de riesgos físicos relacionados con el agua para casos concretos como la desertificación o los incendios forestales, pero no se ha traducido aún en un marco operativo sistemático.
Por todo ello, la ONG solicita a los supervisores crear reglas y métricas comunes, y, a los bancos españoles, mejorar sus capacidades internas para incorporar los datos ambientales en la gestión del riesgo y en sus decisiones financieras.