Pese a las malas noticias que llegan de Madrid, en la Casa del Pueblo de Mieres prefieren dar un voto de confianza al presidente del Gobierno. Doblemente militantes —en UGT y el PSOE—, dos mineros y un empleado de una central térmica recuerdan aquí el día de finales de 2016 en el que un Pedro Sánchez en horas bajas que luchaba por la supervivencia política les visitó. Recién expulsado de la jefatura del partido, tanteaba sus posibilidades para dar la batalla para reconquistar lo perdido. Entonces, el hoy jefe de Gobierno regaló sonrisas y buenas palabras. Ellos entendieron que estaba de su lado. Quizás por eso, en esta ciudad de la cuenca minera asturiana han sentado especialmente mal las declaraciones de su flamante ministra para la Transición Ecológica.

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