El consumo de televisión está en ascenso, y no precisamente gracias a la programación convencional, sino en gran medida al éxito de las series. Aunque no el único, constituye el principal exponente de la televisión a la carta, amparada en las preferencias en cada momento de los espectadores, no de quienes definen las parrillas de emisión. Al igual que en el conjunto de la economía digital, es el consumidor el que parece reforzar su soberanía, al menos por el momento.

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