Hay decisiones que delatan en sí y por sí mismas la estrategia de fondo del jugador. Las amenazas de Donald Trump contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), su bravucona advertencia de que estaba dispuesto a abandonarlo en nombre de un eslogan (America First) no pasarán de las palabras a los hechos en el caso de que el entorno presidencial muestre alguna racionalidad económica básica. Pero el aparato debelador de Trump revela una tendencia peligrosa en cualquier régimen político, pero casi mortal en una democracia: la tentación de gobernar sobre la pauta exclusiva de los principios, que en este caso son confusos y ajenos al funcionamiento real del mundo. Funcionamiento real no significa aquí unas relaciones establecidas de eficacia o ética dudosa, sino simples criterios básicos de intercambio económico y comercial. Gobernar con la única guía de supuestos principios (en este caso vale decir eslóganes electorales confusos) conduce al aislacionismo y, después, a perjuicios económicos graves. Basta con sentarse y esperar a las consecuencias de la Trumpnomics para comprobar que el rumbo actual es erróneo.