Marruecos llevaba al menos siete años preparándose para la flexibilización de su moneda, cuyo cambio está controlado por las autoridades monetarias del país sobre una banda que fluctúa en un margen del 0,6%. El valor del dírham está vinculado en un 60% al euro y en un 40% al dólar. Se trataba ahora de ensanchar la banda de fluctuación y hacerlo con mucho tiento para evitar una devaluación que podría afectar a la capacidad de consumo de los marroquíes.